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ARCO Lisboa 2026

En esta presentación, Enhorabuena Espacio reúne los trabajos de Juan Diego Tobalina y Krizia León Porta en un diálogo en torno a la percepción, la alteración del entorno y las formas en que lo mental atraviesa lo visible.

Juan Diego Tobalina presenta una serie de espejos intervenidos, que incorporan imágenes serigrafiadas de plantas vinculadas históricamente a la producción de fármacos y a la regulación de estados psíquicos: la amapola, la rauvolfia y el hipérico. Estas imágenes funcionan como dispositivos de mediación entre cuerpo y reflejo, entre identidad y tratamiento. A esta operación se suman imágenes de nucas —zonas del cuerpo que, por su propia condición, permanecen fuera del campo visual directo— introduciendo la noción de punto ciego: aquello que pertenece al cuerpo pero no puede ser visto sin mediación. El espejo, asociado a la construcción del yo, aparece aquí alterado e interferido, como si la imagen reflejada estuviera atravesada por procesos de contención, desplazamiento o disolución. Uno se ve reflejado, pero a la vez interrumpido por rayones, por la imagen de una planta y por fragmentos corporales que remiten a una percepción incompleta de sí mismo. En este sentido, la obra dialoga con imaginarios propios de la psiquiatría, donde la percepción del yo puede fragmentarse, desplazarse o volverse parcialmente inaccesible, evidenciando las fisuras entre lo que se ve, lo que se siente y lo que permanece oculto.

Esta investigación se expande en una pieza textil, donde el soporte abandona la rigidez del espejo para volverse permeable y poroso. La obra está compuesta por una serie de cianotipias realizadas entre 2019 y 2026, a partir de fragmentos de cuerpo —incluyendo nuevamente la presencia de nucas y otras zonas periféricas— y de plantas, que se inscriben sobre la tela como huellas fotosensibles. Aquí, la imagen no se fija como reflejo, sino que emerge como un registro directo, casi táctil, donde lo corporal y lo vegetal quedan impresos en un mismo plano. A diferencia del espejo, que devuelve y confronta, la tela retiene y filtra, funcionando como una membrana donde lo visible se vuelve más inestable y donde la relación entre cuerpo, imagen y entorno se desplaza hacia un registro más íntimo y atmosférico. La insistencia en estos fragmentos corporales no frontales refuerza la idea de una subjetividad que nunca se percibe completamente, siempre atravesada por zonas de opacidad y por procesos de interpretación.

En paralelo, las obras de Krizia León Porta amplían la noción de paisaje hacia un territorio más inestable y onírico. A través de carboncillo, el pastel y óleo, sus imágenes ya no se limitan a lo terrestre, sino que incorporan cielos atravesados por aperturas de luz entre nubes, donde lo atmosférico adquiere una cualidad casi visionaria. Estos espacios, a veces densos y envolventes, otras veces abiertos y luminosos, oscilan entre la aparición y la disolución, como si se tratara de estados perceptivos en tránsito. La naturaleza, en este contexto, deja de ser únicamente un entorno físico para convertirse en un campo sensible donde lo vegetal y lo celeste se entrelazan, activando una dimensión psicológica y casi alucinatoria del paisaje.

Ambas prácticas recaen en la botánica, el paisaje y el cuerpo y se entrelazan como superficies sensibles. Las plantas y las formas naturales —ya sea enraizadas en la tierra o suspendidas en el cielo— dejan de ser elementos decorativos para convertirse en agentes que articulan estados de ánimo, procesos de regulación y experiencias de extrañamiento. Lo onírico emerge así no como una fuga de lo real, sino como una intensificación de sus cualidades invisibles.

El booth se plantea como un espacio donde lo natural y lo mental se contaminan mutuamente, proponiendo una lectura en la que el paisaje puede entenderse como un estado interior y el cuerpo como un territorio en constante transformación.

Exhibiciones

05 - 30 Mar 2024

16 Dic 2023